El Hombre del Hedor | Bitácora 240120261450

   El hombre del hedor

Por Felismer

Era martes 14 de noviembre de 2016, cerca del mediodía. Ese clima primaveral en que no sabes si andar con polera o con abrigo. Esperaba el recorrido J03 en el paradero de Alameda con Cumming, justo en la salida norte de la estación República. Cerca quedaba el Centro Educativo Salesianos y el Santuario Nacional de María Auxiliadora.

La micro no llegaba y la fila de gente crecía. Yo había decidido subir de los últimos, así que me ubiqué a la mitad del paradero. Fue entonces cuando lo sentí: un hedor inaguantable. Describirlo es difícil, pero era una mezcla de heces, basura podrida, carne descompuesta, huevos en mal estado y humedad. Era como si todo el mal olor del mundo se hubiera concentrado solo ahí, a mi alrededor.

Miro a mi derecha y lo veo. Tenía forma humana, pero era raro. Estatura media, ropa de varias capas de abrigo en exceso, pantalón raído, cabello largo y grasiento. Iba descalzo y su planta de pies estaba negra por la mugre. Su barba estaba enmarañada y sus ojos, inyectados en sangre. Caminaba cojeando, con una sonrisa macabra, burlona.

“Ojalá que este idiota no se acerque… soy muy sensible a los olores”, pensé. Pero en ese mismo instante, desde el otro extremo del paradero, el hombre gritó:

- ¡A QUIÉN LE DICES IDIOTA?! ¡A QUIÉN, A QUIÉN, A QUIÉN, A QUIÉN, ¡¿A QUIÉN?! ¿¡A MÍ, A MÍ, A MÍ, A MÍ, ¿¡A MÍ!?

Me helé. ¡No puede ser! ¿Cómo me escuchó? Si lo que dije fue en mi mente…

El tipo se rió con estrépito:

- ¡JAJAJAJA, SÍ TE ESCUCHÉ, SÍ, SÍ, SÍ, ¡SÍÍÍÍÍ! ¡TE CREES CHORITO, CHORITO, CHORITO! ¡JAJAJA! ¡YA PO’, YA PO’, YA PO’, ¡YA PO’! ¡PELEEMOS, PELEEMOS, PELEEMOS AQUÍ, AQUÍ, AQUÍ, ¡AQUÍ MISMO! ¡VOY, VOY, VOY, VOY, ¡VOOOY PARA ALLÁ!

Me di cuenta de golpe: podía escuchar mis pensamientos, venía hacía mí y era hostil. Y peor aún, nadie más reaccionaba al olor ni a sus gritos, solo yo. El ser avanzaba entre las personas, que parecían no verlo, acercándose.

Justo entonces llegó la J03. Me metí a la fila como buscando refugio, tratando de escapar de aquella situación absurda y aterradora. Pero el ser, ahora más alto que antes, incluso gigante, se paró a mi lado y comenzó a gritar desquiciado cerca de mi cara:

- ¡YA, YA, YA, YA, ¡YAAAA! ¡JAJAJAJAJA! ¡QUIERO PELEAR, QUIERO PELEAR, QUIERO PELEAR, QUIERO PELEAR, QUIERO, QUIERO, ¡QUIEROOOO! ¡VAMOS, VAMOS, VAMOS, VAMOS, ¡VAMOS!, ¡GOLPEA PRIMERO!, ¡GOLPEA PRIMERO! ¡EMPIEZA TÚ, TÚ, TÚ, TÚ, TÚ, TÚ, TÚ, TÚ, TÚ, ¡TÚÚÚÚÚÚÚ! ¡JAJAJAJAJAJA! ¡SI TE OÍ, SI TE OÍ, TE OÍ, TE OÍ, ¡TE OÍ! ¡NADIE INTERVENDRÁ, NADIE, NADIE, NADIEEEE, ¡NADIEEEEE! ¡JAJAJAJAJAJAJAJA!

Yo fingí calma, puse cara de póker y miré hacia otro lado, tragándome las náuseas del hedor insoportable. Mi instinto me decía que no debía moverme, ni responder, ni mostrar miedo ni reacción alguna, porque si lo hacía… algo terrible me pasaría.

Luego de unos segundo eternos, logré subir a la micro. Llené mis pulmones de aire limpio, sintiendo un alivio inmenso. Pero no había terminado. Desde afuera, el ser gritaba:

- ¡GANÉ, GANÉ, GANÉ, GANÉ, GANÉ, ¡GANÉ! ¡JAJAJAJAJA! ¡NO PUDISTE, NO PUDISTE, NO PUDISTE, ¡NO PUDISTE! ¡SOY EL MEJOR, EL MEJOR, EL MEJOR, EL MEJOR, EL MEJOR, ¡EL MEJOOOOOOR!

Su boca parecía agrandarse de manera inhumana, deformando su rostro. Entonces levantó su brazo, y de su manga comenzó a salir un líquido amarillento. No era agua. El olor era evidente: era orina. Brotaban chorros como de una manguera, inundando el suelo del paradero. Él me miró con una risa grotesca, mientras la gente caminaba sobre el charco como si no lo vieran.

“¿Me estaré volviendo loco? ¿Me habrán drogado?”, pensé. El chofer cerro las puertas de la micro y partió dejando el paradero atrás.

Una chica que se sentó a mi lado me miró preocupada:

- Disculpa, te ves agitado. ¿Estás bien?

- No sé… creo que me drogaron —le respondí.

Ella me examinó, me miro a los ojos y dijo:

- Te veo bien. ¿Por qué piensas eso?

- Estoy viendo cosas raras.

- ¿Raras como un tipo que parece vagabundo, que apesta y que no es… de aquí?

Me quedé mudo.
- ¡Sí! ¿Tú lo viste?

- Claro -dijo con naturalidad-. Hace días que todos lo vemos. Solo que nos hacemos los tontos. Ya te acostumbrarás.

Fin.




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